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¿Mujeres sin Regla?
Hace poco más de una semana se aprobó en Estados Unidos la píldora Lybrel,
cuyo suministro continuo de hormonas (se toma los 365 días del año) anula la
menstruación.
Quienes estamos en contacto con la clínica ginecológica día a día sabemos la
dificultad que tienen muchas mujeres en volver a tener una regla normal o
embarazarse después del uso prolongado de anticonceptivos hormonales.
Resulta difícil creer en la recuperación inmediata de la regla (una de las
argumentaciones de la industria farmacológica) y la ovulación después de
abolirlas químicamente.
Generalmente no se informa a las mujeres de los efectos secundarios que
puede producir el uso prolongado de dosis altas de estrógenos. Esta dosis es
mucho mayor si lo que se pretende es abolir completamente el período
menstrual. Un estado de hiperestrogenismo puede provocar complicaciones como
son cáncer de mama, cáncer de útero, obesidad, aumento de enfermedades
autoinmunes, trombosis. Disminución y pérdida de la libido, lo que conlleva
a la falta de apetito sexual.
Abolir agresivamente el ciclo sin medir por desconocimiento las
consecuencias a largo plazo puede ser peligroso. Como lo ha sido en su
momento el uso abusivo de anticonceptivos orales que hoy, muchos años
después nos demuestra el aumento de incidencia de cáncer de mama en las
mujeres de sociedades primermundistas.
Los esfuerzos de investigación en los últimos 50 años se han centrado en
inhibir el ciclo femenino en lugar de entenderlo y modificar sus síntomas
como lo hace la medicina homeopática desde hace más de dos siglos.
Desde una perspectiva de género, el panorama no es más alentador. Si
consideramos que ya existen métodos altamente efectivos para controlar la
natalidad, así como también para paliar algunos malestares típicos del
período menstrual; la nueva píldora no viene a la vida de las mujeres más
que a “librarnos” de la regla. Y esta es la idea errónea y opresiva que
puede difundir: que un proceso natural y vital del cuerpo de la mujer es
algo de lo que debemos “librarnos”.
El ciclo femenino no se limita al aparato genital o al útero sino que la
secreción de estrógeno y progesterona tiene efectos mes a mes en todo el
cuerpo. La regla y sus síntomas son manifestaciones de salud en las mujeres,
y muchas veces son los cambios (tanto físicos como emocionales) de la regla
los que nos indican un desequilibrio emocional o social como es, entre otros
casos, el estrés.
A la vez, los tabúes, la mistificación y las ideas erróneas sobre la
menstruación no son algo nuevo: hace más de cincuenta años que la publicidad
nos alienta día a día a sentirnos seguras, más limpias o a atrevernos a usar
un pantalón blanco sin sentir vergüenza.
Desde nuestra más temprana adolescencia se nos hace, directa o
indirectamente, partícipes de ideas según las cuales el período es algo
sucio, molesto, vergonzoso, símbolo de la debilidad femenina. Algo que hay
que ocultar. Y a esto parece ir dirigido explícitamente el sinfín de
productos dedicados al tema.
La nueva píldora, no solo solidifica estas ideas sino que da un paso más
allá. La posibilidad de eliminar la regla completamente de la vida de las
mujeres es también eliminar la parte de nuestra vida orgánica que tiene que
ver exclusivamente con lo femenino, con la diferencia.
El bienestar de nuestro cuerpo, pero con respeto a los propios procesos que
en él ocurren, no es ciertamente lo que persigue esta cruzada
antimenstruación.
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