Reflexiones sobre Anticoncepción  

 
¿Mujeres sin Regla? [1]
 

 
Hace poco más de una semana se aprobó en Estados Unidos la píldora Lybrel, cuyo suministro continuo de hormonas (se toma los 365 días del año) anula la menstruación.

 
Quienes estamos en contacto con la clínica ginecológica día a día sabemos la dificultad que tienen muchas mujeres en volver a tener una regla normal o embarazarse después del uso prolongado de anticonceptivos hormonales. Resulta difícil creer en la recuperación inmediata de la regla (una de las argumentaciones de la industria farmacológica) y la ovulación después de abolirlas químicamente.

 
Generalmente no se informa a las mujeres de los efectos secundarios que puede producir el uso prolongado de dosis altas de estrógenos. Esta dosis es mucho mayor si lo que se pretende es abolir completamente el período menstrual. Un estado de hiperestrogenismo puede provocar complicaciones como son cáncer de mama, cáncer de útero, obesidad, aumento de enfermedades autoinmunes, trombosis. Disminución y pérdida de la libido, lo que conlleva a la falta de apetito sexual.

 
Abolir agresivamente el ciclo sin medir por desconocimiento las consecuencias a largo plazo puede ser peligroso. Como lo ha sido en su momento el uso abusivo de anticonceptivos orales que hoy, muchos años después nos demuestra el aumento de incidencia de cáncer de mama en las mujeres de sociedades primermundistas.

 
Los esfuerzos de investigación en los últimos 50 años se han centrado en inhibir el ciclo femenino en lugar de entenderlo y modificar sus síntomas como lo hace la medicina homeopática desde hace más de dos siglos.
Desde una perspectiva de género, el panorama no es más alentador. Si consideramos que ya existen métodos altamente efectivos para controlar la natalidad, así como también para paliar algunos malestares típicos del período menstrual; la nueva píldora no viene a la vida de las mujeres más que a “librarnos” de la regla. Y esta es la idea errónea y opresiva que puede difundir: que un proceso natural y vital del cuerpo de la mujer es algo de lo que debemos “librarnos”.

 
El ciclo femenino no se limita al aparato genital o al útero sino que la secreción de estrógeno y progesterona tiene efectos mes a mes en todo el cuerpo. La regla y sus síntomas son manifestaciones de salud en las mujeres, y muchas veces son los cambios (tanto físicos como emocionales) de la regla los que nos indican un desequilibrio emocional o social como es, entre otros casos, el estrés.

 
A la vez, los tabúes, la mistificación y las ideas erróneas sobre la menstruación no son algo nuevo: hace más de cincuenta años que la publicidad nos alienta día a día a sentirnos seguras, más limpias o a atrevernos a usar un pantalón blanco sin sentir vergüenza.

 
Desde nuestra más temprana adolescencia se nos hace, directa o indirectamente, partícipes de ideas según las cuales el período es algo sucio, molesto, vergonzoso, símbolo de la debilidad femenina. Algo que hay que ocultar. Y a esto parece ir dirigido explícitamente el sinfín de productos dedicados al tema.

 
La nueva píldora, no solo solidifica estas ideas sino que da un paso más allá. La posibilidad de eliminar la regla completamente de la vida de las mujeres es también eliminar la parte de nuestra vida orgánica que tiene que ver exclusivamente con lo femenino, con la diferencia.

 
El bienestar de nuestro cuerpo, pero con respeto a los propios procesos que en él ocurren, no es ciertamente lo que persigue esta cruzada antimenstruación.
 


[1] Artículo publicado en periódico Diagonal. Barcelona, junio de 2007.

 


 

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