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Los siete principios de la
homeopatía
1) LA FUERZA VITAL
La homeopatía se puede definir como un método terapéutico que aplica
clínicamente la LEY DE SIMILITUD y que utiliza las sustancias
medicamentosas a dosis bajas o infinitesimales.
En homeopatía, no hay enfermedades sino enfermos, tanto en la composición
teórica de la enfermedad como en la terapéutica. Es por esta razón que el
medicamento homeopático se ha de adaptar específicamente a cada enfermo en
el conjunto de sus síntomas y en la totalidad de su individualidad.
Para entender bien la homeopatía, hay que recordar que detrás de su método
hay una corriente de pensamiento filosófico occidental llamada
VITALISMO, y que encontramos sus raíces en el CORPUS HIPOCRATICUM
(atribuido a Hipócrates 460-377 a. C.) y que ya concebía la enfermedad
como un desequilibrio y estableció la existencia de una fuerza activa en
la naturaleza humana, que llama NATURA MORBORUM MEDICATRIZ (la
naturaleza cura las enfermedades).
Otros autores del vitalismo que recordamos: Aristóteles, Paracelso, Van
Helmont, Sthal, Bergson, Thailard de Chardin…
VITALISMO es sinónimo de vida y la vida no la podemos reducir
únicamente a unas fuerzas físico – químicas.
Detrás de ellas, hay un principio vital, una fuerza vital o el CH´I de la
medicina china, que ANIMA y tiene unidas la parte somática –cuerpo-
y la mente, tanto en la salud como en la enfermedad.
Esta FUERZA VITAL, es la que impulsa el crecimiento y la armonía de
todas las funciones del ser humano, tanto las físicas como las psíquicas
(intelecto, sentimientos, voluntad).
Así, aunque dividamos al ser humano en diferentes partes para estudiarlo
(de aquí nacen las especialidades médicas en la alopatía) desde la
homeopatía entendemos que somos una UNIDAD indivisible en nuestra
EXPRESIÓN, en nuestra manera de organizarnos la vida, en la forma
de pensar, de actuar, de movernos, etc., y esto hace que seamos ÚNICOS,
sanos o enfermos.
Esta FUERZA VITAL, tiene una dirección de dentro a afuera
(recordemos la semilla y el árbol, el -óvulo y el espermatozoide-, el
embrión, el bebé, el niño, joven y el adulto. Expresando finalmente toda
la complejidad del ser humano.
Tiene, como decíamos, una dirección y también un sentido, que permite
conservar y preservar la vida, promoviendo el crecimiento y la expansión.
Esta concepción de la persona, nos permite observar la vida en mayor
amplitud, y también los procesos de enfermar y de curación.
Desde aquí la vida es movimiento, intercambio constante entre el interior
y el exterior y una relación permanente de interdependencia tanto respecto
a los propios procesos vitales como en todo lo que nos rodea.
El ser humano está y existe en relación y se comunica con su entorno,
tanto en su cuerpo como en su mente, si está en equilibrio decimos que
siente y está sano.
Más adelante veremos que todo el esfuerzo de la Terapéutica homeopática
está en restaurar las funciones normales de esta FUERZA VITAL, que
cuando estamos en EQUILIBRIO SANO, permite existir y vivir en
salud, pero cuando se desequilibra, la hemos de ayudar a encontrar el
camino perdido.
En la alopatía no se acepta la existencia de esta fuerza vital y esto
determina a la práctica que el enfermo no pueda aportar nada suyo para su
propia curación, dependiendo todo del medicamento que se le administre.
Aquí no sirve la subjetividad “me siento mal”, todas las pruebas serán
objetivas y cuantificadas.
Desde la homeopatía, decimos que el que CURA es la FUERZA VITAL,
el remedio homeopático le recuerda, le da una información para recuperar
el equilibrio perdido.
2) INDIVIDUALIZACIÓN DEL ENFERMO
La experimentación de las sustancias nos permite conocerlas más
ampliamente y nos da una imagen que es propia de cada medicamento (ej.
Pulsatilla, etc.).
Individualizar al enfermo quiere decir escoger entre sus múltiples
manifestaciones presentes o pasadas, aquellas que le son más
características y peculiares, aquellas que lo representan más íntimamente,
se parecería a la caricatura que un dibujante haría si le explicásemos
como nos comportaríamos, qué es lo más característico de nuestra manera de
pensar y sentir, cómo reacciona nuestro cuerpo delante de los estímulos
físicos de diferente índole, etc. Es decir, aquello que nos define y nos
hace diferentes a la vez.
Es necesario que descubramos aquellos trazos característicos que le
pertenecen, sin los cuales dejarían de ser ellos mismos.
En la metodología homeopática, los síntomas de la enfermedad –
patognomónicos, nos servirán para diagnosticar qué enfermedad padece de
acuerdo con el lenguaje establecido por la alopatía, pero son los síntomas
los que menos nos servirán para diagnosticar el medicamento, porque estos
síntomas son comunes a todos los enfermos, por lo tanto no hablan de su
peculiaridad, de su intimidad, de su manera peculiar de expresarse.
Para que un síntoma nos ayude a elegir un medicamento es necesario que
vaya acompañado de sus modalidades.
Como ya he dicho, también se toman en consideración los síntomas mentales
(falta de concentración, odio, indolencia, impaciencia, etc.) y algunas
veces estos síntomas son los que más nos ayudan para elegir el medicamento
porque en definitiva son los que más nos individualizan.
La obtención de la totalidad de los síntomas que nos permite
individualizar al enfermo se hace a través de la observación y el
interrogatorio.
3) LEY DE SIMILITUD
Como decíamos antes, esta LEY surge de la experimentación de sustancias en
personas sanas y de observar que éstas alteraban la salud de forma similar
a como lo hacían las enfermedades naturales.
Esta ley se conocía desde Hipócrates y Paracelso y había sido utilizada en
otras culturas, como la de los mayas, indígenas americanos, chinos y
asiáticos. Pero fue Hahnemann, de quien hablaremos más adelante, el que la
sistematizó como una ley de curación dentro de la metodología homeopática.
Y para comprender bien la correspondencia entre los síntomas del enfermo y
de los remedios (para poder aplicar la LEY DE SIMILITUD) es
necesario cambiar algunos conceptos que teníamos aprendidos.
Habitualmente tenemos la costumbre de considerar el síntoma del enfermo
como una expresión de enfermedad, pero podemos verlo de otra manera.
Efectivamente, podemos pensar que el SÍNTOMA expresa un esfuerzo de
nuestra fuerza vital para mantener el equilibrio. Así, el síntoma es
también la manera en la que el se defiende del desequilibrio. Se trata
pues de una solución de supervivencia y podemos entender que el síntoma es
una manifestación del enfermo, no de la enfermedad.
Es pues, el SÍNTOMA, la respuesta, la indicación de la forma que el
organismo adopta con tal de hacer frente a su desequilibrio.
Así, entre la vida y la muerte hay infinidad de grados posibles de este
equilibrio. La salud es un grado óptimo de equilibrio. La enfermedad se
situaría en los grados intermedios entre la salud y la muerte.
Así, si admitimos la existencia de la FUERZA VITAL que tiende a
preservar en todo momento nuestra vida y en el máximo equilibrio posible,
si aceptamos los síntomas como una expresión/manifestación de sus
esfuerzos para mantener el equilibrio, comprenderemos fácilmente la
necesidad de ayudar al enfermo en la misma dirección que espontáneamente
se manifiesta y esto lo hacemos en la Homeopatía al aplicar la ley de
similitud.
El remedio prescrito por similitud actúa en el mismo sentido que la fuerza
vital y además introduce un principio inteligente que “le recuerda” qué
hay que hacer y cómo para restablecer el equilibrio, es decir, para
curarse.
4) LA EXPERIMENTACIÓN PURA
Hahnemann (1755-1843) era un médico alemán que decepcionado de la medicina
de su época, dejó su práctica y se puso a traducir libros.
Tradujo la M. M. de Cullen, donde se relataban los síntomas tóxicos de la
QUINA (que se usaba para curar el paludismo) y de la que el autor decía
que sus propiedades de curar eran debidas a que era muy amargante y
astringente. Hahnemann no estaba de acuerdo con esto y en una nota a pie
de página le respondió a Cullen que la quinina debía tener otras
propiedades y que la causa de que curase el paludismo se debía a otros
factores.
Aquí empieza la gran obra de Hahnemann. Es en el año 1790 cuando decide
experimentar en sí mismo la quinina, ingiriendo repetidas dosis hasta que
a su organismo le empezó a dar una sintomatología (fiebre, escalofríos y
otros), similares a la malaria.
Después de esta experiencia, estuvo seis años experimentando en él mismo,
familiares y amigos diversas sustancias en una rigurosa y constante
búsqueda: conocer los síntomas que daban en personas sanas y descubrir qué
relación podían tener con las enfermedades.
En la medida que iba experimentando se dio cuenta que las diferentes
sustancias reproducían síntomas y grupos de síntomas (síndromes)
SIMILARES a las enfermedades naturales y delante de esta observación
se planteó la LEY DE SIMILITUD, como la relación necesaria que hay
que establecer entre el enfermo y el medicamento, para que este último sea
capaz de curar.
Pero en la experimentación, lo que es muy evidente es que la ingesta de
una sustancia altera en más o menos intensidad a casi todo el organismo,
tanto en lo físico como en lo mental, y también su respuesta hacia el
entorno.
5) REMEDIO ÚNICO
Cuando hablábamos de la experimentación no hemos dicho que se hace a
partir de sustancia del reino animal, vegetal o mineral, cogidas de forma
simple y sin manipular y de una en una, para conocer los efectos sobre la
persona sana y por tanto su potencial curativo en el enfermo.
Por otro lado, acabamos de ver que solo tenemos una imagen de nuestro
paciente, una “caricatura” de la totalidad de síntomas que presenta.
Así pues, no hay ninguna razón para pensar que sería necesario hacerle
corresponder diversas imágenes medicamentosas, mas pronto adaptaremos por
analogía UN MEDICAMENTO A CADA PACIENTE. En esta práctica se dice
que es Homeopatía Clásica o Unicista.
6) DOSIS MÍNIMA O INFINITESIMAL
Al principio de los ensayos de aplicación de los medicamentos según la Ley
de similitud, Hahnemann no diluía ni dinamizaba los medicamentos, los daba
en dosis casi ponderables, con las consiguientes agravaciones, hecho que
le hizo pensar que las dosis eran demasiado fuertes.
Empezó entonces a diluir y a dinamizar progresivamente las dosis de los
remedios hasta hacerlas tan pequeñas que ya no eran ponderables, sino que
se convertían en dosis infinitesimales, en dosis – estimulantes
energéticas.
En este proceso de sucesivas diluciones y dinamizaciones (dinamización:
dilución + agitación), Hahnemann reveló un potencial terapéutico que
estaba latente y dormido en cada planta, mineral o sustancia animal.
Al principio las sustancias se experimentaban también en estado bruto – en
dosis ponderables – pero después Hahnemann vio que si se experimentaban
sustancias dinamizadas se podían obtener síntomas más finos, más
característicos y personalizados del remedio (mentales, sueños o
diferentes niveles funcionales). Y, por otro lado, sustancias como
Lycopodium, Sílice, Sal Común, que en bruto no daban ninguna
sintomatología en la persona sana, fueron incorporadas como medicamentos
importantísimos dentro de la farmacopea homeopática.
La preparación de los medicamentos en DOSIS MÍNIMAS permite que éstas
actúen en el nivel adecuado de la fuerza vital, así una prescripción
óptima debería ser de acuerdo al principio de similitud, tanto en su
aspecto del medicamento como en el de la dosis para producir una respuesta
sutil y eficaz de la fuerza vital, capaz de poner en marcha la curación.
Las patogenesias (conjunto de síntomas y signos obtenidos en la
experimentación pura de una sustancia en una persona sana), obtenidas de
sustancias administradas en dosis infinitesimales son testimonio de la
profunda relación que hay entre el mundo interior del ser humano y el
mundo de la naturaleza. Según Paracelso, “el ser humano es un microcosmos
que integra todo lo que está diseminado y repartido dentro de la
naturaleza, el ‘macrocosmos’”.
El ser humano en su camino evolutivo y de individualización se ha ido
separando de la naturaleza pero está emparentado con ella.
Cuando una persona se desequilibra, se enferma, es como si dejara de ser
ella y se pareciera más a una sustancia que encontramos en la naturaleza.
Es como si perdiera su identidad la manera natural de estar organizada
como persona y ser vivo que es y empezara a organizarse de otra manera…
que buscando en la materia médica la podríamos encontrar como Puls, lach…
Dicho de otra manera, un fragmento de la naturaleza se puede convertir en
medicamento cuando mediante una preparación determinada (dinamización)
puede ser capaz de actuar sobre un proceso similar al suyo, es como si
aquello que es saludable a la naturaleza puede observarse como enfermedad
en una persona.
7) PATOLOGÍA CRÓNICA
En Homeopatía hablamos básicamente de dos tipos de enfermedades:
1) Agudas (instauración, período de estado y resolución).
-se curan solas
-llevan a la muerte
-enfermedades epidérmicas, infantiles, infecciosas
2) Crónicas (después de la fase de instauración
evolucionan indefinidamente, no tienen por si solas ninguna tendencia a
curarse).
Este punto también fue descrito por Hahnemann, que observó que después de
un correcto tratamiento volvían a aparecer una serie de síntomas y a ello
lo llamó patología crónica o miasmática, y que podríamos decir que es una
tendencia heredada de nuestros antepasados y que nos predispone a
organizar y expresar nuestros síntomas, nuestro desequilibrio, nuestra
manera de enfrentar en un determinado sentido y de una determinada manera,
repetida aunque las formas sean diferentes.
El objetivo más importante de la HOMEOPATÍA es poder tratar esta
predisposición en una etapa en la que los síntomas sean funcionales o
latentes, para prevenir en el futuro la cristalización de alguna
enfermedad.

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