![]() |
![]() |
| Técnicas de Reproducción Asistida | |
|
Lucía era una adolescente encantadora cuando la visité por primera vez. Tenía 17 años y era su primera visita a un ginecólogo.
Con su desbordante espontaneidad me preguntaba muchas cosas, lo que mostraba el interés por el cuidado de su cuerpo, y en especial de su aparato genital. Era una mezcla de curiosidad, temor y alegría, recién comenzaba a tener relaciones sexuales con un chico que le gustaba mucho.
Luego de verla un par de veces, le hice un examen ginecológico, el cual certificó que todo estaba bien.
Hablamos mucho sobre métodos anticonceptivos, le informé de todas las posibilidades sobre el tema y de cuales estaban indicadas para ella al ser una mujer joven y sin hijos. Eligió usar preservativos porque quería estar “tranquila” y no tener que preocuparse en este momento por aprender a usar un diafragma.
Al cabo de unos meses vuelve a la consulta. Lucía presentaba una cefalea intensa que solía repetirse siempre antes de la regla. Ya hacía cuatro meses que estaba ocurriendo y además estaba triste. Le indiqué un tratamiento homeopático, el cual la mejoró e hizo que su tristeza y el dolor de cabeza fueran desapareciendo.
Al año vuelve a hacerse su revisión ginecológica. Estaba bien y en ese momento vuelve a salir el tema de la anticoncepción, ya que está de novia. Hasta aquí venía usando preservativos pero la situación de tener una relación estable la llevaba esta vez a querer usar el diafragma. Así lo hicimos. Lucía aprendió rápidamente a reconocer el cuello de su útero y a colocarse y quitarse el diafragma con facilidad.
A partir de aquí y por unos años la fui viendo cada año, año y medio para sus revisiones.
Cuando tenía 24 años, ya estaba casada y quería tener hijos. Dejó de usar método anticonceptivo alguno… y con la misma alegría de las primeras consultas me comenta que “va a por ello”.
Pasaban los meses y no se quedaba embarazada.
Al cabo de un año empezamos a hacer tratamiento homeopático y a la vez unas pruebas muy básicas en el tema, como ser comprobar por medio de la temperatura basal si había ovulación, su estado hormonal por una analítica y un espermograma de su compañero. Todo está bien…en Lucía, pero el espermograma mostraba una disminución de la producción espermática la cual se corrigió en poco tiempo gracias al tratamiento homeopático.
Conforme fueron pasando más meses su ansiedad, que ya había aparecido desde el principio, se fue instalando con más fuerza. Quería tener un hijo y no podía creer que no lo lograra. La relación con su pareja pasaba a su vez por un muy buen momento: se querían mucho, los dos estaban satisfechos con su trabajo… estaban contentos juntos y los unía el proyecto de crear una familia.
Cuando ya hacía dos años que lo intentaban sin obtener el embarazo y mucho menos ansiosa, habla de su decisión de pedir ayuda en Reproducción Asistida.
Esta vez vienen los dos, les escucho a ambos que se muestran ilusionados por la posibilidad de ser ayudados por la ciencia “que tantos avances ha hecho en el último tiempo en este tema”. Piden que los oriente y les especifique qué es una inseminación artificial, qué una fecundación in Vitro, cómo se hacen, etc.Y así lo hice.
La consulta dio para mucho rato, se fueron más enterados pero tranquilos y con la misma ilusión con la que llegaron.
Vuelvo a ver a Lucía al cabo de 20 meses.
Grande fue mi sorpresa al verla aparecer con una bebé de 3 meses en brazos y una enorme sonrisa en la cara.
Explicó que le hicieron siete inseminaciones y que ninguna “prendió”. Luego la in Vitro y a la primera la fecundación se dio. Aquí calculé en silencio que había sido estimulada con hormonas mes a mes durante ocho ciclos, 7 para ser inseminada y uno para la FIV.
La estimulación ovárica no es inocua o al menos no está demostrado que lo sea. Con los años veremos que ocurre con la reserva ovárica de ovocitos en las mujeres estimuladas a saco. Y digo “a saco” porque 8 estimulaciones en 10 meses como es en el caso de Lucía… es una barbaridad!
Ya hay voces que se escuchan diciendo que las jóvenes donantes de hoy e hiperestimuladas más de una vez, son las futuras receptoras de mañana.
Volviendo a Lucía, ella había pedido expresamente que quería un embrión único… no más de un feto, por lo que se le “transfirió” solo un embrión.
El embarazo fue estupendo, tranquilo y feliz.
El parto lo fue más aún. Fácil, y bastante rápido. Al terminar de decir esto y con su niña en brazos, abruptamente se le desdibujó la sonrisa, empezó a llorar y me dijo: -“quedaron seis embriones congelados”. Lloraba despacio, con una profunda pena y temor. Conozco la mirada de Lucía desde lejos y vi que algo en ella se había opacado.
Siguió: -“Cuando salí de la clínica con la alegría de llevarme a mi hija en brazos pensé: “tendré los seis!”… pero ahora pienso que no sé ni si quiero otro!. Tengo 26 años, deseo hacer muchas cosas en mi vida además de ser mamá”.
La acompañé un rato con mi silencio porque sabía que esa era la manera de permitirle que siguiera hablando y sacara lo que probablemente no hablara con nadie. Pero además mi silencio correspondía a una dimensión del horror de lo que estaba escuchando y necesitaba acomodar.
-“Para mí, no son células- me dijo – son hijos, y no puedo con la idea de que estén ahí… tan lejos… pero tan cerca a la vez. ¿Qué pasará?, ¿serán hijos de otra gente?... pero son nuestros y no se pueden destruir. Si nosotros no los queremos nos obligan a donarlos… pero ¿cómo puede ser?. Yo no pedí esto y me enteré cuando ya estaban. No nos avisaron que podía ocurrir…”
Me pregunto quién y en nombre de qué “ciencia” hace esto. Por qué no se informa antes de lo que puede ocurrir. Vivimos en un país donde la legislación permite este tipo de abusos. No hay un límite en cuanto al número de óvulos que pueden en principio conseguirse y en segundo lugar fecundarse. Además la iglesia Católica prohíbe la destrucción de estos embriones. A los 5 años de estar congelados los padres biológicos pierden la patria potestad sobre los mismos y les obligan a que pasen a un banco de donantes. Y sabrá Dios el destino mercantil que guiará luego a que sean usados en otras mujeres.
Si las Técnicas de Reproducción Asistida, son técnicas de manipulación ginecológicas que consisten en ayudar, modificar, o sustituir procesos destinados a ocurrir espontáneamente en el aparato genital femenino, ¿por qué se hace un uso abusivo de ellas?
Creo que las pacientes y las parejas deben ser muy bien informadas como para que puedan elegir qué… y hasta dónde quieren llegar?, a la vez que merecen ser respetadas en sus decisiones.
El uso mediático y publicitario de las posibilidades que otorga la reproducción asistida forma parte de nuestra feria contemporánea, donde pareciera que se puede tener un hijo de cualquier manera, y en muchos casos sin medir las consecuencias.
Diría a las parejas que se acercan a estas técnicas, que se tomen el tiempo necesario para informarse, pero además y fundamentalmente para hablarlo y evaluar entre ellos una vez informados, qué es lo que quieren y hasta dónde pueden llegar. Busquen la intervención de medicinas energéticas como ser la homeopatía que ayudará a modificar tanto a uno como a otro la función reproductora incluyendo, como sabemos, los aspectos emocionales que sin duda están presentes y muchas veces determinan el resultado de las mismas.
El avance científico en el tema de la reproducción tiene aspectos maravillosos, pero no se puede desafiar así a la naturaleza. El respeto de la misma a través del cuerpo y la mente de las personas que se entregan para ser ayudadas es fundamental.
Yo diría a los profesionales encargados de lograr tantos “exitos” en la fertilidad: “Sí….pero no así…”.
[1] Artículo publicado en revista "Mujer y Salud", Nº 21. Barcelona, primavera 2007.
|
|
|
|
|