Fernando Botero - Pintor y escultor colombiano  (Medellín Colombia 1932)
   
Menopausia  

  

El tratamiento de la eterna juventud contra la menopausia [1] 


ANÁLISIS: EL USO DE LA TERAPIA HORMONAL SUSTITUTIVA EN LA MENOPAUSIA

 

 

Mónica Puga, médica homeópata, especialista en enfermedades de la mujer y psicoanalista

 

La autora denuncia en este artículo la estrategia mercantil de las farmacéuticas de convertir el proceso fisiológico de la menopausia en enfermedad. La llamada Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) con la que se está medicando a muchas mujeres no sólo pretende anular los síntomas de la menopausia, sino postergar el proceso de envejecimiento: la promesa de la eterna juventud, con graves riesgos, según la especialista, para sus destinatarias.

 

La menopausia es una etapa del ciclo vital de la mujer que se caracteriza por la disminución, primero, y el cese, después, de la función de los ovarios. Éstos dejan de ‘trabajar’, o sea, de producir las hormonas femeninas, estrógeno y progesterona, como han hecho durante toda la edad reproductiva. La ausencia paulatina de estas hormonas (que no responda a situaciones traumáticas o forzadas, como pueden ser las quirúrgicas, las quimioterapias o las menopausias prematuras) se produce en tiempos en que es de esperar que el cuerpo esté preparado por naturaleza para que así ocurra, y así poder transitarla lentamente.

 

La Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) consiste, nada más y nada menos, en sustituir esa ausencia paulatina y normal de las hormonas por la administración de las mismas desde fuera, y por años. De esta manera, se postergan para más adelante (cuando se acabe el tratamiento) los síntomas típicos y sobrellevables de la menopausia, como los sofocos, las alteraciones del sueño, las modificaciones del carácter, las modificaciones en la piel, etc.

 

Ir al médico estando sana

 
Al contrario de lo que ocurre con los hombres, que van al médico cuando están enfermos, las mujeres lo hacen a lo largo de la vida estando sanas: en las revisiones ginecológicas para las citologías, los controles de mamas, la anticoncepción, los embarazos, el parto, la menopausia.

 

Las mujeres dependen más de los médicos que los hombres, hacen más visitas a la consulta, consumen más medicinas, ingresan con más frecuencia en hospitales y tienen más cirugías. La mujer pasa de este modo a ser una vez más carne de cañón para el enriquecimiento de la industria farmacéutica. El médico ofrece con la THS no sólo la anulación de los supuestos síntomas de la menopausia, sino la ilusión de que se postergue el envejecimiento en la mujer, con la consiguiente promesa de eterna juventud y de la tan buscada felicidad.

 

El consumo de ansiolíticos y antidepresivos en la menopausia es elevadísimo. Se medica no sólo por la demanda de las mujeres angustiadas que no saben lo que les está pasando, sino por la absoluta imposibilidad e incapacidad del médico de ‘escuchar’ para poder comprender y ayudar a partir de entender el fenómeno vital por el que la mujer está pasando. Es decir, se medica para no escuchar, se tapona la angustia con la medicación, en lugar de derivar a profesionales competentes de la psicología que puedan ayudar.

 

La profesión médica puede llegar a ser la mayor amenaza contra la salud. Ya sabemos que con la excusa de la prevención se medica a personas sanas, para “evitarles potenciales males futuros”. Esto es lo que ha ocurrido recientemente con el uso de la THS en países desarrollados, con el aumento repentino de la aparición de cáncer de mama y de útero en mujeres hormonadas con este tipo de terapias. Los responsables de estas complicaciones no son más que los médicos que indican indiscriminadamente estos tratamientos, ya que somos los médicos los que estamos obligados a conocer el efecto que tienen los estrógenos sobre la glándula mamaria, y el endometrio uterino, capaces de provocar el desarrollo de un cáncer sobre esos tejidos, especialmente en periodos como el de la menopausia, cuando por naturaleza esos tejidos deberían permanecer atrofiados o, al menos, en descanso.

 

A la ciencia le incomoda lo cíclico de la mujer, lo mental, lo emocional. La variabilidad de lo femenino siempre importuna a la lógica estricta y rigurosa de la ciencia que preferiría reducirlo todo a un virus o a una subida de serotonina. Pero no es así, y los ciclos vitales femeninos deben ser respetados, y no ser utilizados para promover enfermedades inexistentes que hay que prevenir con un fin mercantil. La promoción de la enfermedad ha tenido y tiene en las mujeres un mercado inagotable. La medicación de procesos naturales o fisiológicos como la menopausia ha dado y da lugar a que se medique a cientos de miles de mujeres generando un grave riesgo para las mismas.

 

La capacidad de diagnosticar y etiquetar la salud y la enfermedad que siempre ha tenido la profesión médica está siendo cada vez en mayor medida mediatizada, condicionada por el empuje de la industria farmacéutica, por medio de la financiación de forma directa a profesionales de la medicina y la esponsorización de estudios de investigación o comités científicos que habrán de ‘redefinir’ la enfermedad. De más está decir que bajo esta dirección se incluirá la utilización de medicamentos ‘indispensables’ para mantener la salud.

 

Preguntarles a ellas

 
La salud, como la enfermedad, es un proceso donde intervienen la biografía personal, el pasado (las experiencias vividas, los antecedentes familiares, la educación, la cultura, etc.); el proyecto de vida (cómo nos vemos en el futuro, las expectativas, los miedos a la enfermedad, la pobreza, a no ser capaz...); cómo vivimos el día a día (la actitud cotidiana, el estrés, la alimentación, el ejercicio físico...); así como las relaciones con los demás.

 

Salvo en los casos en que médicamente está bien indicada, como en la menopausia precoz, sea ésta por los motivos que fuere, creo que como médicos y médicas debemos preguntar a la mujer que nos consulta, si se da el caso de que lo pida, por qué quiere usar hormonas en ese momento de su vida. Hay que analizar juntas esos motivos, informar sobre los riesgos que conlleva para su salud el uso de la THS a largo y medio plazo. Dar otro tipo de indicaciones más naturales que ayuden a transitar este ciclo mejorando los síntomas. Y, por descontado, no indicar terapia hormonal en la menopausia en ningún caso sin patología o en ninguna mujer que transite una menopausia natural.

 

 


[1] Artículo publicado en el periódico "Diagonal", Barcelona, Septiembre  2007

 


 

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