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Algo más que un método
Las palabras “anticoncepción”, “contracepción” o “planificación familiar”
definen muy poco la relación entre la utilización del método y la mujer.
Hablar de métodos anticonceptivos es hablar de mujeres, ya que son ellas las
que acuden a nuestras consultas; ellas son quienes utilizan la mayoría de
los métodos, ellas son las que, prácticamente, se responsabilizan del tema.
La anticoncepción es el medio que nos permite gozar y disfrutar de nuestro
placer, de un tipo o variedad del mismo a través del coito a la vez que nos
preserva de un embarazo no deseado que probablemente acabará siendo
interrumpido. O sea, es el medio por el cual como mujeres podemos decidir
con libertad cuando, cómo y con quién queremos quedarnos embarazadas, si ese
deseo nos llega en algún momento.
Pero la anticoncepción es también lo que nos permite separar la reproducción
del goce sexual.
Nuestro cuerpo, en su dimensión tanto física como emotiva y mental, es lo
que nos permite ese goce.
La mujer es sujeto del placer y no un objeto físico. Muchas veces, para que
podamos llegar a ese goce, es necesario ir cambiando el punto de vista e ir
sintiendo que ese cambio se está dando en nosotras sobre la educación
cultural-asexuada, mitos y tabúes que hemos ido recibiendo desde la
infancia.
Es la medicina también una de las vías por la que hemos recibido esa mala
información, ya que en la mayoría de ocasiones nos hace ver al cuerpo como
trastornos, sufrimiento, enfermedad, y no como una fuente de placer, de
comunicación y de normalidad que conlleva al dinamismo.
Un poco de historia
Las mujeres siempre han sido sanadoras; tenían un gran conocimiento sobre el
uso y propiedades de las hierbas medicinales. Eran las comadronas que iban
de casa en casa y los secretos de salud se transmitían de unas a otras.
Desde el siglo XIV al XVII se las etiquetó de brujas y fueron perseguidas,
sobre todo acusándolas de ofrecer consejos anticonceptivos y efectuar
abortos.
Es con la implantación de la medicina como profesión universitaria que se
facilitó la exclusión legal de las mujeres de su práctica, ya que ellas no
tenían acceso en esos tiempos a la universidad.
Es así como las mujeres de clase alta son visitadas por los médicos-hombres
y las de clase baja por las mujeres sanadoras.
A mediados del siglo XIX y durante el siglo XX, la diferencia de clases es
muy marcada:
• a la mujer rica se la considera perpetuamente enferma, débil y delicada
para todo.
• a la mujer trabajadora, sana, fuerte y robusta.
Con esto se crea el culto a la invalidez femenina “la mujer menstruando está
indispuesta”, “el embarazo es una enfermedad, y requiere la intervención del
médico”, “la menopausia es la enfermedad incurable, es la muerte de la mujer
dentro de la mujer”. Se considera la enfermedad como la clave de la
feminidad.
La masturbación, un defecto particularmente pernicioso que provoca
trastornos mentales.
Con la llegada de Freud en el mismo siglo, se ubica a la histeria como una
enfermedad mental no proveniente del útero, órgano al que le debe su nombre.
El bisturí con que se diseccionaba la naturaleza femenina pasó por fin del
ginecólogo al campo de la psiquiatría.
Si nos remontamos a nuestros días, es a través de una política de control de
población, con diferentes programas aplicados a las mujeres del primer o
tercer mundo, que se quiere controlar nuestro cuerpo, con el pretexto de que
el problema del planeta o del futuro del planeta es “la sobrepoblación”, que
debe ser controlada a través de la mujer.
Una vez más, la mujer también es responsable en su mayoría del futuro. Esta
responsabilidad recae sobre todo en la mujer del tercer mundo, “la de clase
baja”, ya que en el primer mundo, se nos pide que la tasa de natalidad
aumente.
A través de distintas culturas, religiones y sociedades, se ha ido
desarrollando la anticoncepción desde tiempos primitivos. Los primeros
escritos sobre el tema son chinos y datan de 3 mil años antes de Cristo. Se
trata de sustancias como la goma arábiga (extraída de raíces de acacias),
que al fermentar liberaban ácido láctico, sustancia esta con propiedades
espermicidas.
Los hindúes, con la misma función usaban la sal de roca intravaginalmente.
La tradición judía se refleja en el Talmud permitiendo la regulación de la
anticoncepción en tres casos de mujeres: las niñas aún púberes, la
embarazada, y la mujer lactante. La anticoncepción se efectuaba mediante la
introducción en vagina de un trozo de lana que funcionaba como tapón.
En la antigua Grecia y la cultura Romana, los métodos eran similares pero
solo eran conocidos por una elite cultural y social.
En la Edad Media, el Islam no condena el control de la natalidad, ni
siquiera el aborto, siempre y cuando estuviera practicado en el primer
trimestre de la gestación. La anticoncepción era una disciplina que
practicaban tanto los médicos como las comadronas, las cuales realizaban un
papel primordial en la sociedad medieval respecto del cuidado de la salud de
la mujer.
En la edad media, la iglesia católica, aún conociendo todo el bagaje
anticonceptivo del que se disponía, solo permite el uso de los mismos en
casos verdaderamente excepcionales.
Las reflexiones de Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, en las que
condenaba el uso de la anticoncepción, han venido a tener una influencia
fundamental en la moral occidental, lamentablemente hasta nuestros días.
Después de la revolución industrial comienza la idea de regular la natalidad
desde un punto de vista colectivo y no de forma particular como en la
antigüedad.
El artilugio de cubrir el glande del pene se destina en un principio a
evitar la extensión de la sífilis galopante que azotaba Europa.
Sin embargo, podemos considerar esta técnica como el inicio de la
anticoncepción de los tiempos modernos.
A finales del siglo XIX en Alemania, se describen los primeros diafragmas.
Por la misma época, en Inglaterra, aparecen las primeras sustancias
espermicidas que fueron perfeccionadas en los años ´20. Surgen también en
estos años los primeros dispositivos intrauterinos; pero no es hasta los
años ´60 que son aceptados, tanto por la medicina como por la población en
general.
Es en 1959 en que se descubre la inhibición de la ovulación a través de la
administración de una combinación de hormonas sexuales femeninas sintéticas,
estrógenos y progesterona, es decir, el nacimiento de la píldora, que supone
tanto una revolución científica como social, sobre todo para las mujeres que
en un principio ven en ello una ganancia importante en su lucha por la
liberación. Pero el uso que en general la medicina ha dado durante todos
estos años de este método, tiene que ver más con el control de la natalidad
a cualquier precio que con la liberación sexual de la mujer.
En España, la anticoncepción fue despenalizada por modificación del código
penal en 1978. Hasta ese momento, se equiparaba la anticoncepción a las
prácticas abortivas.
Panorama actual
Como todos sabemos, existen en la actualidad diversos métodos
anticonceptivos que se pueden clasificar de varias maneras, así, se llaman
métodos permanentes aquellos que ejercen su función en el cuerpo
independientemente del momento sexual, es decir, la mujer siempre está en
disposición anticonceptiva (dispositivo intrauterino, píldora anticonceptiva
y demás métodos hormonales). Estos métodos permanentes, en principio,
necesitan de un control médico importante y periódico, ya que son los que
tienen más efectos secundarios sobre el cuerpo. Con estos métodos, los
profesionales se sienten más seguros, ya que son ellos en gran medida los
que controlan el método… y por ende, el cuerpo femenino.
Los métodos no permanentes son los que se utilizan en relación al acto
sexual y necesitan de una información y aprendizaje acerca de su uso. Estos
métodos pueden independizarse más del control médico y es la mujer, y en
algún caso la pareja, la que debe manejarlos. Poseen pocos o ningún efecto
secundario y permiten desde el inicio que la mujer tenga un acercamiento más
íntimo con su cuerpo. La mayoría de estos métodos son a los que también se
llama “barrera” porque actúan de ese modo precisamente: preservativo
(masculino y femenino), diafragma, capuchón cervical. También están en este
grupo los métodos “naturales” (coitus interruptus, temperatura basal, etc.).
Otra clasificación posible es agruparlos en métodos reversibles, aquellos
que una vez se han retirado del cuerpo dejan, al cabo de cierto tiempo, de
ejercer su acción anticonceptiva (caso de la píldora o del DIU), y métodos
irreversibles, los que, como su nombre lo indica, son para siempre (ligadura
de trompas).
Hormonadas toda la vida
Para la medicina alopática (oficial) los mejores métodos son los hormonales
en cualquiera de sus formas: píldora (diaria), anillo vaginal (mensual),
parches transdérmicos (semanales) o implantes hormonales intradérmicos (3
años), o bien el DIU, ya que según sus estadísticas son los métodos más
efectivos.
Pero esta afirmación no es tan cierta, ya que la experiencia en nuestras
consultas muestra que los métodos no permanentes son métodos en general
efectivos y seguros y que las mujeres aprenden de su cuerpo sin ninguna
dificultad.
Los avances médicos-científicos en el tema de la anticoncepción están
ligados única y exclusivamente a lo hormonal.
Cada vez tenemos “mejores” combinaciones… “mejores” formas de administrar
las hormonas… para lograr interrumpir y desarticular la hermosa estructura
biológica del cuerpo femenino.
En las sociedades avanzadas el proyecto es: primero, al inicio de la
sexualidad activa, en la adolescencia y juventud, dar hormonas para provocar
la anovulación.
Cuanto más alejado esté este hecho cotidiano de la conciencia de la mujer,
mejor. Ya no es pensar cada noche en tomar la píldora, sino que se suplanta
por introducir en la vagina un dispositivo hormonal que permite ya “no
pensar” durante todo el mes. O bien el implante hormonal intradérmico que
funcionará y desconectará del tema a la mujer durante nada menos que tres
años. Estos dos últimos métodos, en teoría tendrían menos toxicidad, ya que,
al no ser orales, se saltan la barrera hepática. Ya veremos su toxicidad en
el tiempo.
La anticoncepción hormonal administrada de manera abusiva, durante muchos
años, con escasos o nulos períodos de descanso, origina serios trastornos
una vez abandonada, al restituir el ciclo femenino. Muchas veces no se
consigue volver a ovular de forma natural.
Comienzan los trastornos de la fertilidad, lo que agregado a la edad más
avanzada para la maternidad, ponen en contacto a la mujer con las técnicas
de reproducción asistida, con el consiguiente absoluto desborde en la
administración de hormonas para estimular los ovarios y obtener óvulos en un
número que sobrepasa lo natural. Hoy sabemos que para cualquiera de las
técnicas de reproducción asistida, aunque la dificultad de la pareja no
tenga que ver con la mujer sino con la producción espermática, se estimulan
los ovarios igualmente, tanto sea para una inseminación artificial o FIV.
Años más tarde, aparece la THS, con lo cual nuevamente se hormonaliza la
mujer, esta vez en la etapa menopáusica, para apaciguar la sintomatología
hasta nueva orden.
Por lo que vemos, desde la adolescencia hasta pasada la menopausia,
podríamos afirmar que no hay respiro para el cuerpo de la mujer. Y que, de
no concientizarnos, la estimulación hormonal seguirá acompañando la
totalidad de la vida fértil.
El mejor método
Personalmente, aunque pienso que los métodos que producen menos efectos
secundarios son los más adecuados, también opino que hay circunstancias en
las que, por ejemplo, usar un método hormonal puede ser lo más indicado para
una mujer en un momento determinado de su vida. Es decir, también puede ser
un grave error indicar un método barrera o natural en un momento no
adecuado.
A la hora de elegir un método anticonceptivo hay unos parámetros que se
deben valorar y cada mujer elegirá según sus prioridades. Estos parámetros
son:
1. Efectividad: podemos entender que hay una efectividad propia del
método y otra que depende de su manejo, que a su vez depende del
conocimiento que se tenga tanto del cuerpo como del propio método. Ejemplo:
un diafragma mal colocado o retirado antes del tiempo aconsejado puede
perder efectividad.
2. Seguridad: aparte de la seguridad del propio método, es la que la
mujer va teniendo en tanto va confiando y se siente “cómoda” con él.
3. Comodidad: para algunas mujeres, la comodidad significa “no pensar
en nada en el momento del coito”. Para otras mujeres significa “tomar
conciencia del propio deseo y manejar con libertad en ese momento la
anticoncepción”. Por esto mismo es que considero fundamental tener en cuenta
la individualidad a la hora de orientar sobre este tema.
4. Inocuidad: hay una inocuidad primaria que es aquella que tienen
algunos métodos anticonceptivos, por ejemplo, los naturales (métodos
barrera, etc.). También hay una inocuidad secundaria que corresponde a cómo
la mujer se hace con el método de acuerdo a sus circunstancias. Por ejemplo,
si a una mujer con un gran miedo al embarazo y una educación represora de su
sexualidad le indicamos de entrada un método que requiera mucha observación
y tocamiento de su propio cuerpo, puede ser que aumentemos su angustia e
inseguridad.
La consulta de anticoncepción: dar y recibir
información
Por último, la consulta de anticoncepción debe ser un espacio en el que se
desarrolle una visión global de la salud de la mujer que acude a ella. Este
espacio lo entiendo más que como un momento puntual, como algo que se va
desarrollando con el tiempo; tiempo que para cada mujer será diferente, por
su historia, por sus propias vivencias, buscando esas pequeñas fórmulas que
le ayuden a conectar con su capacidad de gozar… y a poder compartirlo con el
otro.
Los métodos naturales no son agresivos y pueden ser muy efectivos, pero
requieren un contacto atento y permanente con nuestro cuerpo que no siempre
podemos tener.
Es la mujer en primer y último lugar quien debe elegir lo que es más
adecuado para ella en este momento de su vida, contando con toda la
información que le doy.
Considero que no existe “EL” método anticonceptivo, el mejor, que sirva
indistintamente para todas y cada una de las mujeres… y así lo transmito a
mis pacientes, sino que podremos encontrar el más adecuado para el momento
actual, para este tiempo de su vida y sexualidad de acuerdo a la relación
que tenga con su cuerpo, si tiene o no hijos, si tiene o no pareja estable.
Y digo “podremos” encontrar porque considero, es un trabajo a hacer en
conjunto entre el ginecólogo y la paciente.
Escuchar y dar una buena y completa información por parte del médico, para
que cada mujer pueda elegir lo más libremente posible su método.

Bibliografía
• Cabero Roura, L. “Tratado de ginecología, obstetricia y medicina de la
reproducción”. Ed. Panamericana. Barcelona, 2003.
• Ehrenreich, B. y English, D. “Brujas, comadronas y enfermeras. Historia de
las sanadoras. Ed. La Sal. Barcelona, 1984.
• López de Castro, F. y Lombardía Prieto, J. “Novedades en anticoncepción
hormonal”. En: Revista Información Terapéutica. Vol. 29 Nº3 año 2005.
• Strobl, I. Fruto extraño : sobre política demográfica y control de
población. Virus Editorial. Barcelona, 1994.
Artículo
publicado en Revista Mujer y Salud Nª 20, Barcelona,
invierno 2006
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